Para esto, no

"Estábamos preparados. O eso creíamos. Durante años nos habíamos entrenado diariamente para combatirlos. Habíamos desarrollado métodos de defensa y contraataque contra esas maneras prepotentes, esos comportamientos caciquiles, esas amenazas de mafiosos de provincia, machotes que reventaban verbenas. Sabíamos que no podíamos dejar que sus miradas acuosas nos distrajesen, porque tras esos ojos (que nunca buscaban los tuyos mientras mentían) existía la inteligencia natural del que es capaz de todo para ejercer un poder, lo más absoluto mejor.
Quienes protegían el otro flanco, también habían aprendido a ver más allá de la retórica vacía, de los polisílabos decimonónicos embutidos en camisa de cuadros y pantalones de pana, de la disciplina férrea y la exigencia de pureza revolucionaria. Del gris de la militancia uniforme. Del aburrimieeeeeeento infinito en nombre de un mundo mejor.
Pero, para esto, no estábamos preparados. Seguro que fue un error estratégico. Los teníamos tan cerca y parecían tan inofensivos, que no los (ni las) vimos llegar hasta que ya estaban ahí. John Huston decía que los hombres honestos no hablan despacio, y ellos tampoco lo hacían… hasta que empezaban a recitar: entonces la lengua se les revolucionaba, mientras saboreaban argumentarios, masticaban frases hechas y lugares comunes, deglutían manuales de corrección política al tiempo que hilillos de buen rollo les caían por las comisuras de una boca en la que nunca faltaba la sonrisa beatífica. La misma que provoca el prozac: la que produce estar en posesión de la única verdad. Ésa que te hace superior.
Años de lucha ideológica, de intentar desmontar imposiciones con argumentos, comportamientos arbitrarios con argumentos, argumentos (cuando los había) con más argumentos, hicieron que nos creyésemos que todo podía conseguirse con argumentos. ¡Qué grave error! Entonces llegaron ellos. Y sólo tuvieron que ocupar los sillones vacíos.
Definitivamente, para esto no: para esto no estábamos preparados. Nos han pillado en bolas.
Toca rearmarse. O estamos jodidos".
Quienes protegían el otro flanco, también habían aprendido a ver más allá de la retórica vacía, de los polisílabos decimonónicos embutidos en camisa de cuadros y pantalones de pana, de la disciplina férrea y la exigencia de pureza revolucionaria. Del gris de la militancia uniforme. Del aburrimieeeeeeento infinito en nombre de un mundo mejor.
Pero, para esto, no estábamos preparados. Seguro que fue un error estratégico. Los teníamos tan cerca y parecían tan inofensivos, que no los (ni las) vimos llegar hasta que ya estaban ahí. John Huston decía que los hombres honestos no hablan despacio, y ellos tampoco lo hacían… hasta que empezaban a recitar: entonces la lengua se les revolucionaba, mientras saboreaban argumentarios, masticaban frases hechas y lugares comunes, deglutían manuales de corrección política al tiempo que hilillos de buen rollo les caían por las comisuras de una boca en la que nunca faltaba la sonrisa beatífica. La misma que provoca el prozac: la que produce estar en posesión de la única verdad. Ésa que te hace superior.
Años de lucha ideológica, de intentar desmontar imposiciones con argumentos, comportamientos arbitrarios con argumentos, argumentos (cuando los había) con más argumentos, hicieron que nos creyésemos que todo podía conseguirse con argumentos. ¡Qué grave error! Entonces llegaron ellos. Y sólo tuvieron que ocupar los sillones vacíos.
Definitivamente, para esto no: para esto no estábamos preparados. Nos han pillado en bolas.
Toca rearmarse. O estamos jodidos".
Marc A. Passos. “A la fuerza ahorcan”
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home